En primer lugar, no se puede dar una fecha concreta de parto,
sino que se habla de un margen de días entre los que es más probable que este
se produzca. Así, la mayoría de los partos de las perras ocurren entre el día
58 y el 62 de gestación. Pero, insistimos, puede haber variaciones
individuales.
Por lo tanto, en una perra sana con un adecuado seguimiento
veterinario no tiene por qué alarmarnos si se cumple la fecha probable y
todavía no hay señales de parto inminente. Pero si este retraso se prolonga por
más de una semana o desconocemos el estado de la perra y de sus cachorros, sí
hay que acudir al veterinario para valorar la situación.
Nunca hay que optar por soluciones sin base científica para
intentar desencadenar el parto. No solo no lo vamos a conseguir, sino que
podría resultar contraproducente. La mejor forma de ayudar a una perra a parir
es cubrir sus necesidades y mantenerla en un ambiente relajado para evitar el
estrés, que es capaz de dificultar tanto el parto como la lactancia.


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